domingo, 19 de octubre de 2014

Lo mejor de la semana - Columnas -- Espectador Preferente // Narcocultura, cuando si y cuando no es apropiado aprovecharse de ella

Author: Luisa LaneEmail: luisa.lane@agenciainformativablah.com
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Durante los pasados quince años, el concepto de narcocultura se ha convertido, sin querer, en un negocio para la industria del entretenimiento. Un negocio que podría definirse con la popular expresión “guácala, que rico”, por tratarse de un asunto esencialmente desagradable, pero aun así, digerible.
El uso, y en ocasiones abuso, del concepto de narcocultura en los medios ha caído en un extraño juego de hipocresía y doble estándar. Mientras se habla de legislar sobre los narcocorridos y se prohíbe de forma oficialista su transmisión en la radio comercial nacional, se cancelan presentaciones de artistas como El Komander – quien escribe e interpreta narcocorridos - y grupos con años de trayectoria como Los Tigres del Norte reclaman que se limite su libertad de expresión, tenemos series de televisión que presentan la vida del narcotraficante llena de riquezas, emociones y pasión, haciendo que el “hacer una apología de la violencia” no se aplique cuando se trata de materiales que generan más ingresos.
La Reina del Sur, El Señor de los Cielos, Pablo Escobar, son los títulos que se han transmitido en la televisión de paga desde hace cosa de cinco años. Aunque no son producciones realizadas por empresas mexicanas o con capital nacional, se transmiten en nuestro país sin que se les trate con la misma dureza con que se trata a los músicos que hablan sobre el mismo tema a través del lenguaje musical.
Estos proyectos son tan populares que el desperdiciar la oportunidad de generar ingresos por venta de espacios publicitarios durante su transmisión, está fuera de discusión. Empresas como Telemundo, que produjo La Reina del Sur, se dieron cuenta de que la narcocultura vende, que la gente en cierto modo envidia la vida que se dan los narcotraficantes, o cuando menos, la idealización que nos hemos hecho de ella y que puede estar interesada en conocer cómo es la vida de estos nuevos héroes, a quien los medios han puesto al nivel de superestrellas casi tanto como los han satanizado.
Fuera de limitar la libertad de expresión de nadie, el asunto aquí es hacerse responsables de los contenidos. La narcocultura tiene como base un movimiento que, en su verdadera esencia, es el negocio de la muerte. El narco mata de forma directa – con sus ajustes de cuentas, sus encuentros con la policía – y de forma indirecta con el poner en las calles productos cuyo abuso y mal uso puede costar vidas. Aquellos que han decidido usar esta cultura dentro de la industria del entretenimiento, deberían retratar esto junto a su versión más glamorosa del tema, tan solo para darle a su público la información necesaria para poder formarse su propio criterio.

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